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Testimonio
“El duelo es el precio que
pagamos por el amor:
Un vacío que deja huella”
oy María de los Ángeles Maturana dejar partir para evitar sufrimiento. La ver-
Lepeley, Médico Veterinario y tu- dad es que ninguna es menos dolorosa
tora de Manta, una bordercollie de que otra. Cada despedida se vive de ma-
Stres años que el pasado 1 de sep- nera única y todas deben ser validadas. El
tiembre cruzó el arcoíris para acompañar- amor que sentimos por nuestros animales
me desde otro plano. no se mide por la forma en que se van, sino
Qué difícil es explicar este sentimiento tan por la profundidad del vínculo que construi-
intenso y ambiguo a la vez. Surgen cues- mos.
tionamientos inevitables, incluso frente a la El duelo, entonces, es profundamente per-
mirada social que todavía pone en duda si sonal. No existen manuales ni etapas rígi-
es válido llorar a un animal como se llora a das que nos digan cómo enfrentarlo. Lo
un hijo, un hermano o un amigo ¿será que que sí es universal es que ese vacío no se
puedo sentir tanto dolor por un ser que, por llena, sino que permanece con la certeza
muchos, no es considerado parte de la fa- de que el amor no muere; se transforma,
milia; pero que para mi familia multiespecie trasciende, y nos acompaña en cada mo-
era un todo? Dicen que el duelo es el precio mento que recordamos.
que pagamos por el amor, pero nadie nos En este contexto, quiero también mencio-
cuenta que una parte de nosotros, también nar el proyecto de “Ley Duque” que busca
muere con aquel que se ha ido. establecer un permiso laboral por duelo
En una sociedad que actualmente está más ante la muerte de un animal de compañía.
empoderada ante la tenencia responsable nuestra Mantita, la mejor vida que pudo Es un paso valiente hacia el reconocimien-
y el cuidado de mascotas, donde se san- to de los que vivimos en familias multiespe-
ciona el maltrato y se nos solicita hacernos tener. Ni todos los cursos de duelo que he cie, donde nuestros perros, gatos y tantos
cargo de un animal que en otros tiempo era tomado para sostener a otros de buena ma- otros forman parte esencial de nuestra vida
solo para cuidar la casa o matar ratones, me nera en mi rol profesional me permitieron cotidiana. Negar ese vínculo, sería negar la
cuestiono el deber de cuidar pero no de ser dimensionar lo que significa vivirlo en carne realidad de miles de hogares. Porque sí, son
cuidado; es decir, es inevitable para noso- propia. familia y perderlos, duele. Me dolió a mí, a mi
tros, que vivimos con ellos, sentir compañía Cuando ella llegó a casa de forma inespe- familia y a VetBlu, su segunda casa. Todos,
y formar un vínculo estrecho con este ser de rada y abrupta a llenar un vacío que esta- de formas diferentes, perdimos a Manta.
cuatro patas que nos espera con una fies- ba presente, me volvió loca, de todas las Hoy, mientras escribo desde la ausencia fí-
ta cada vez que llegamos a nuestro hogar. formas posibles. Sacó por lejos, lo peor y sica, recuerdo con alegría nuestros paseos,
Con ellos, todo se olvida y, hasta el peor día, lo mejor de mí, y en un aprendizaje mutuo, sus patas persiguiéndome, su odio por los
se transforma en algo más bonito cuando sin darme cuenta, le abrí la puerta de mi co- gatos, sus actuaciones magistrales en los
estamos juntos. Entonces, ¿Cómo es posi- razón. Si bien como seres racionales sabe- videos del centro veterinario y sus saltos
ble que, si tenemos el deber de cuidarlos, mos, consciente o inconscientemente, que desmedidos; y aunque a veces parezca
no tengamos la opción de llorarlos, ni la su tiempo en la tierra, muchas veces será desgarrador, no cambiaría ni un segundo
oportunidad de gestionar el proceso? más corto que el nuestro, aun así, acepta- de amor compartido por evitar el dolor que
mos el desafío, porque lo que realmente me deja su partida.
Como Médico Veterinario he acompañado
a muchas familias en el dolor, en tomar la importa, es lo que viviremos juntos. En resumen, sé que tanto ella como yo nos
decisión de dejar ir o preparar un buen par- He escuchado muchas veces la pregunta sentimos afortunadas de habernos tenido
tir, pero nunca se está lo suficientemente de si duele distinto cuando la pérdida es y solo espero que cuando me toque cru-
preparado cuando el adiós toca la propia predecible por una enfermedad, repentina zar al otro lado, ella esté allí esperándome,
puerta, en mi caso, por una enfermedad, por un accidente o incluso cuando somos moviendo la cola como si nunca se hubiera
donde hicimos lo imposible por darle a nosotros quienes tomamos la decisión de ido.
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